EL JUEGO

Reto de “Relatos compulsivos”: escribir un relato, de no más de 600 palabras, que cuente una historia en la que el toro de lidia sea el protagonista.
Mi texto:

El juego

No sabía por qué su padre no había vuelto aquella tarde, jamás imaginó las torturas a las que lo habían sometido ni que él correría el mismo destino. Pero la tristeza se esfumaba cuando Sonia lo visitaba y lo bañaba de caricias. Cuando el padre de la niña la llamaba, él volvía a quedarse solo en ese espacio verde y amplio que tenía el privilegio de habitar.
–Solo el toro de Lidia vive tan bien y tan feliz, si no fuera por nosotros, hace tiempo que se habrían extinguido– El padre de Sonia le explicó eso durante varios días seguidos hasta que la convenció de que su amigo vivía en buenas condiciones.
Cuando la tarde empezó a oscurecerse conforme la tormenta se cernía sobre el prado, el toro ignoraba que la oscuridad que reinaba no solo estaba en el cielo.
Al día siguiente lo trasladaron, lo esperaban con abundante comida y un gran parque de arena solo para él. ¡Seguía siendo un toro especial! Pero cuando ya no quiso comer más, lo embutieron casi hasta reventar, se sentía pesado y torpe. A decir verdad, también se sentía un poco drogado, no coordinaba bien sus movimientos y nada más tenía ganas de dormir. No entendía lo que pasaba. ¿Por qué lo obligaban a seguir comiendo?

 

El parque de juegos fue rodeado por miles de personas, se emocionaban con un payaso disfrazado que no paraba de moverse agitando una tela y emitiendo un sonido irritante. Era parecido al juego que le gustaba al padre de Sonia, solo que ésta vez era diferente: la sensación de malestar, tanta gente ruidosa mirando y ese disfraz reflejando un sol abrasador.
El toro quiere volver a casa así que empieza el juego esperando que pronto termine. El payaso saca un arma afilada y lo amenaza con hacerle daño, él se asusta y se lanza contra el individuo intentando atinar a su brazo para quitarle la herramienta. No lo consigue y la gente grita emocionada.
Sonia está mirando el juego con los ojos llenos de lágrimas. Observa como el hombre provoca al toro con tal insistencia que consigue que la situación desborde al animal y se enfurezca, pero está desorientado y, aunque quiere defenderse, sus movimientos siguen torpes; aún siente esa sensación de estar pesado y drogado. De repente, el payaso le clava su arma haciéndole un daño atroz, está sangrando y le duele profundamente.
El toro ve que Sonia sale corriendo. –Asesinos– Grita enfadada mientras escapa de ese circo. Su padre va detrás esperando alcanzarla mientras, otra vez, el payaso acosa al animal que se defiende como puede antes de sentir en su lomo otra herida profunda.
El ruido de la gente tapa los sonidos del exterior: el freno de un coche que se detiene bruscamente, un grito y un llanto. Mientras, el hombre del traje ridículo sigue buscando hacerle daño al animal, tiene lugar otro inútil intento de defensa, otra herida y un dolor que ya se ha esparcido por todo su cuerpo.
El toro no escucha la sirena de la ambulancia que se acerca, cae rendido tras el último ataque y permite que se le escape la vida porque ya no sabe como retenerla por más tiempo. Sonia hace lo mismo en la camilla, ella también ha sucumbido ante la tempestad.
La mujer, que no la vio venir, llora desconsolada mientras Frank Sinatra sigue cantando en los altavoces de ese coche que frenó tan bruscamente, parece ser la banda sonora del triunfo de la muerte que hoy se lleva a dos inocentes que simplemente no querían estar ahí.

 

Derechos Tali Rosu

Imagen de https://pixabay.com/photo-2320171/

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