ME HAGO MAYOR

Cuando empecé a caminar me preocupaban los pinchos que sobresalían, largos y afilados, sobre el pavimento caliente en el que emprendería un viaje duro y agotador.

Tras la primera herida lloré, sané y finalmente me levanté. Con el tiempo, cada vez que me hacía daño iba doliendo menos, aún así, me aumentaba el miedo de seguir por ese camino. Poco a poco dejé de saltar obstáculos y empecé a buscar vías alternativas que se acomodaran mejor a mis planes y a mi circunstancias.

Hoy miro hacia atrás y observo detenidamente el trayecto recorrido. Se que me hago mayor, aún así, no me arrepiento de haber andado, corrido, saltado y esquivado obstáculos; he hecho lo que he considerado oportuno en cada momento y con toda seguridad puedo decir que siempre he sido feliz.

El pavimento ya se ha enfriado porque ha llegado la noche, mis pies lo agradecen. Puedo seguir sin prisa, cada vez más despacio, disfrutando cada paso, siendo feliz en mi paseo hasta que se acabe el día.

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