VISITANDO A MI VAMPIRO

Hay un vampiro loco que me vuelve loca. Lo conocí en mi pueblo hace tiempo, vivió ahí una temporada pero su estancia no duró mucho. Se que le gustaba el sitio y la gente, incluso se sentía enamorado del lugar. Tampoco tenía dificultad para encontrar comida porque, aunque no le gusta atacar, tiene buena verborrea y encandila a cualquiera. Mucha gente le ofrece la muñeca para que pueda beber un poco cada día, yo le ofrezco el cuello entero. Parecía el sitio perfecto pero había algo que tiraba de él hacia otro lado, hacia la ciudad. A veces intenta explicarme sus motivos pero yo no se si lo comprendo muy bien, hay momentos en los siento que me habla en otro idioma.

Hace tiempo que se fue a vivir a ese infierno lleno de ruido, de estrés y de vampiros enfadados. Cuando hablo con él siempre me pide lo mismo: que vaya a verlo. Yo, por un lado quiero pasar algo de tiempo con él, pero por otro lado prefiero hacerlo lo menos posible; las ciudades no me gustan, soy más de pueblos pequeños en dónde se pueda ver el mar en soledad. Aún así voy a visitarlo de vez en cuando, a meterme en el ruido de los coches, a respirar aire contaminado y a sentir ganas de llorar por lo que aquello me transmite. Lo peor de todo es que él no se da cuenta del esfuerzo que me supone. Ni siquiera debe pasarle por la cabeza el hecho de que lo hago todo por él y por verlo tan solo unos días.

Cuando voy, intento no quedarme demasiado tiempo, tengo que aceptar que llega un punto en el que me saturo y mi limite se traspasa, es entonces cuando tengo que salir corriendo de ese sitio en el que ya casi no quedan personas como yo. Nosotros estamos casi todos en las playas y en las montañas, aunque algunos citadinos de corazón se niegan a abandonar sus edificios y su mierda concentrada. En general, estemos dónde estemos, los recuentos demuestran que no quedamos muchos.

Hubo un tiempo en el que los vampiros pensaban que tendrían sangre para siempre, elegían un cuerpo y lo chupaban hasta que dejase de respirar. Ahora, somos tan pocos los que hemos sobrevivido, que no nos matan, solo nos consumen lo suficiente para poder abastecerse otra vez en unos días. Se sabe perfectamente dónde poder encontrarnos, no es un secreto que estamos casi todos concentrados en nuestros pequeños paraísos. En realidad no entiendo el motivo por el que todos los vampiros al final se van al centro, aquí tendrían comida suficiente y no necesitarían estar bebiendo sangre de rata. Obviamente me parece fenomenal, que se vayan todos a las alcantarillas y a los sitios más oscuros, que se queden donde están alejados de nuestras venas. Bueno, él no, me gustaría que él volviera para quedarse, incluso le daría de comer una vez a la semana.

Y ¿Porque voy a visitarlo si es todo tan negativo? No se realmente porque lo hago. No me produce placer cuando siento sus colmillos atravesar mi piel. Ni cuando siento que se me va el color de las mejillas en cada uno de sus sorbos. Al contrario, me resulta incluso doloroso. Tampoco me provoca ninguna excitación sexual, en ese sentido puedo asegurar que no son más que caricias lo que quiero ofrecerle. Es un tanto doloroso, pero en lo más profundo se que él no quiere hacerme daño.

Le tengo un cariño importante que no se muy bien de donde sale ni por donde se alimenta, es un sentimiento incomprensible para mí, no lo entiendo, pero realmente lo quiero.

Al mismo tiempo en el que yo busco cuidarlo y darle mi cariño, se que el busca exactamente lo mismo, que lo cuiden y le den algo de amor, y es que en el fondo es como un pequeño gatito que fue abandonado y ahora le gusta la calle. No quiere que lo metas en tu casa, pero busca que lo mimes y le rasques la cabeza mientras él saca las uñas y, ronroneando, te las entierra en la pierna arañándote de placer. Duele, pero aún así lo sigues rascando. Yo también rasco al mío tras la oreja de vez en cuando, aunque me reviente el cuello a mordidas y me deje casi seca, pero viva, siempre me deja viva para que pueda volver en mis siguientes vacaciones. Me deja sin fuerza, me da un intenso dolor de cabeza y, aunque no me gusta la sensación en su totalidad, hay algo que me hace estar feliz a su lado. Me siento cómoda acariciándole la espalda mientras él me arrebata el alma.

Insisto en lo extraño de ésta situación porque yo me considero una persona inteligente, una que jamás haría algo así. Sin embargo, no sólo lo hago, sino que soy consciente de lo bizarro de la situación y aún así no dudo ni por un segundo el seguir haciéndolo de cuando en cuando. Se que sólo me deja viva porque sabe que volveré, sé también que le encantan mis manos paseando delicadas sobre su pelo enredado. A veces, sólo a veces, me gustaría que supiera que tengo algo más que dos manos que consuelan y lo miman, soy algo más que una cuidadora y psicóloga a domicilio, puedo ser una persona interesante y divertida, muy divertida. Querría que me conociera mejor, después de todo ya nos hemos vuelto buenos amigos, pero el sigue sin profundizar de verdad en quien soy yo. De vez en cuando le voy dando pequeñas pistas que, aisladas, sólo parecen un caos de información. Si yo escuchara de boca ajena lo poco que le he contado sobre mí, con toda seguridad pensaría que me hablan de una loca. Sin embargo, me veo incapaz de hacer más porque al quitarme la sangre me roba la energía, esa esencia que alimenta a mi cerebro y a mi corazón. Aunque realmente no tiene importancia, hay otros seres en mi vida que cumplen el papel que el sería incapaz de interpretar a mi lado.

Con él disfruto otras cosas que, viéndolo bien, también son incomprensibles. Me gusta escuchar ese desagradable sonido que hace con la boca mientras absorbe mi sangre tan cerca de mi oído, es irritante, pero permanezco en silencio y le presto atención ya que, mientras lo hace, me habla muy cerca y me cuenta su historia, me transmite lo que siente y lo que piensa, es la única forma que tengo de conocerlo más allá de lo que es evidente.

Mientras lo veo desayunar tres latas de cerveza, pienso que tal vez su condición de vampiro alcohólico me despierte cierta ternura. Creo que esa puede ser una de las razones que me hacen tener esa necesidad de cuidarlo y de mimarlo, siempre he tenido sangre de bruja curandera.

En conclusión, aunque suelo alejarme de los vampiros para que no me hagan daño, con el es diferente, a él voy a visitarlo por lo menos una vez al año. Tal vez debería hacerlo más seguido porque resulta que a a ellos el alcohol también puede matarlos. El sabe que tarde o temprano esa mierda acabará con él, pero aún así sigue bebiendo, tal vez esté cansado de ser inmortal. Me dará pena cuando me entere de que ha muerto, seguro que lloraré por el vacío que va a dejarme.

 

Derechos Reservados © 2018 Tali Rosu

 

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