DETENTE, SONRÍE Y SIGUE

Detente, sonríe y sigue

Iba caminando por un callejón oscuro y estrecho; erguida, con la cabeza bien alta y la mirada al frente, aparentemente fuerte, sin miedo.

Mientras daba un paso se detuvo el tiempo, me quedé inmóvil en esa posición perfecta, con una pierna adelante flotando en el aire, el corazón hinchado y las venas tiritando. ¡Vaya sorpresa!, me había congelado.

No era el tiempo el que paraba, era yo que me había convertido en recipiente de mi inseguridad. De tanto fingir dureza y de tanto tragar dolencias emocionales, me fui llenando y, sabio mi cuerpo, se había bloqueado antes de que el contenido se desbordara.

Hice fuerza con los dedos buscando hacer agujeros, buscaba una salida, un escape para todo lo de dentro. Cuanta más fuerza, más duro el cuerpo; buscar una solución empeoraba mi situación. Así que paré. Dejé de luchar contra todo y, en cuanto me relajé, el cuerpo se fue ablandando.

De repente y sin planearlo, dejar de pensar me hizo volver a andar. La pierna que flotaba se posó en el suelo y por fin pudo sentir todo mi peso. Un paso, otro paso y, casi sin darme cuenta, una sonrisa iluminó mi rostro y otra vez estaba andando.

Derechos Reservados © 2018 Tali Rosu

Imagen de https://pixabay.com/photo-1954827/

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